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Si hace unas semanas conocíamos las llamativas –y polémicas– pinturas realizadas por el artista Morten Viskum, en las que empleaba manos de cadáveres humanos a modo de pinceles, ahora nos llega una noticia similar, en este caso relacionada con un artista ya consagrado, John Baldessari, y un proyecto mucho más ambicioso, aunque igualmente macabro.

En realidad, el germen de este proyecto lleva rondando la mente de Baldessari desde 1970, pero hasta ahora las dificultades con las que se ha encontrado han sido siempre muy numerosas. Y lo cierto es que conociendo los detalles de su idea, no resulta difícil entender por qué…

En la instalación imaginada por el artista californiano, de 81 años, los visitantes deberían mirar a través de un pequeño orificio practicado en una pared, para descubrir al otro un auténtico cadáver humano, colocado con una postura que imitase ladel famoso ‘Cristo muerto’ (1480) de Andrea Mantegna.

Aunque hasta la fecha todos los intentos por hacer realidad el proyecto se han “estrellado” contra un muro de inconvenientes –en su mayoría de carácter legal y burocrático–, lo cierto es que cada vez parece más cerca el momento en que la obra de Baldessari pueda verse en una muestra de arte contemporáneo.

De hecho, faltó muy poco para que su singular “instalación” sorprendiera al público en la exposición ‘11 Rooms’, durante la celebración del Festival Internacional de Manchester que tuvo lugar en el año 2011.

En aquella ocasión, tanto Hans Ulrich Obrist –codirector de la galería Serpentine de Londres–, como Klaus Biesenbach –responsable del MoMA PS1, recinto afiliado al célebre museo neoyorquino–, hicieron todo lo posible por conseguir ese cadáver humano que Baldessari necesitaba.

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Con la ayuda de la productora de la exposición, Pollyana Clayton-Stamm –quien dedicó cerca de dieciocho meses a contactar por teléfono, carta y correo electrónico con multitud de instituciones, abogados y funcionarios–, faltó muy poco para que consiguieran su objetivo.

En declaraciones a la prensa, Clayton-Stamm ha explicado que estuvieron muy cerca de conseguir un cadáver completo, pero finalmente se vieron obligados a probar suerte en los Estados Unidos, pues las leyes británicas eran demasiado restrictivas con la cuestión.

“Exponer en un museo un cadáver humano bajo las condiciones inapropiadas puede ser algo altamente ilegal. Podrías ir a prisión, como descubrimos en Manchester”, explicó la productora de la muestra a la prensa.

En aquel caso, cuando consiguieron todos los permisos para trasladar un cadáver desde Estados Unidos a Inglaterra ya era demasiado tarde para que el cuerpo estuviese a tiempo en la exposición.

En su lugar, Baldessari decidió mostrar en una sala las “montañas” de papeleo que se habían generado a raíz de las numerosas consultas y contactos legales y burocráticos para conseguir que la instalación con cadáver fuese una realidad.

Pese al fracaso, tanto el artista como los galeristas y los responsables de distintas exposiciones parecen convencidos de que antes o después oiremos hablar de la macabra obra de arte como una realidad.

Para que esto suceda, explica Obrist, sería imprescindible “el consentimiento de la persona que cedería su cadáver, el de su familia, y una autorización legal”.

Si finalmente se consigue, Baldessari promete ofrecer al público una obra que enfrentará al espectador con su propia mortalidad, provocando, una vez más, una discusión sobre nuestra noción respecto a qué puede considerarse arte y qué no.